lunes, enero 24, 2011

¡A lo hecho, pecho!


He pasado los últimos dos años recogiendo los platos rotos del pasado y es un proceso emocional y mentalmente agotador.

Mientras lidiaba con el tedioso y complejo papeleo que conllevaban algunos temas, a menudo pensaba en la pérdida de tiempo que suponía y en cómo podría estar haciendo cosas más productivas como disfrutar de mis hijas, hacer ejercicio, escribir o buscar más trabajo.

Incluso clavarme alfileres en los ojos se me antojaba menos doloroso.

También derroché energía, malgastada en sentir ira porque los desastres que me disponía a arreglar no eran sólo míos. Sentí un poco (a veces mucho) de resentimiento, porque tuve que desprenderme del dinero que tanto me costó ganar e invertir mucho tiempo en ello, mientras que otros, igualmente responsables, vivían al margen del tema.

He aprendido esto en el proceso: sentir enojo y lamentarme no arregló el problema. Pedir a otros, igualmente responsables que yo, que asumieran su parte y frustrarme porque no lo hacían, no arregló el problema. Asumir por completo la responsabilidad del tema y arreglarlo yo, sí lo hizo. Y, aunque afrontarlo de cara también implicó quedarme sin blanca – de nuevo – al final del proceso, también ha significado ganar una sensación de responsabilidad y paz mental que no tiene precio.

Conozco personas que guardan sobres sin abrir y otros problemas en un cajón, año tras año, esperando que se queden ahí. Pero, la vida no es así. Los problemas sin afrontar crecen, y entretanto te roen el alma y minan la alegría de los que te rodean.

Recomiendo afrontar los problemas según se presentan, porque por lo general, no desaparecen.

Avanzar por el fango no es fácil, pero cuando logras llegar a tierra firme, te sientes ligero y preparado para comerte el mundo.

Afronta las dificultades cuanto antes y la noche más oscura a la larga dará paso a una mañana luminosa.

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1 comentario:

Juan Luis G. dijo...

La responsabilidad tiene una mala fama inmerecida porque pensamos que es agotadora. Pero lo realmente agotador es carecer de ella y dejar que los problemas nos inunden sin hacer nada