lunes, noviembre 01, 2010

Sí que puedo, ¡y tú también!


A los dieciocho años tuve un siniestro total con el automóvil de mi padre. El vehículo terminó boca abajo a la salida de una curva cerrada en una autovía, conmigo al volante, y otros dos pasajeros. Una era mi hermana. El jeep no tenía cinturones de seguridad, llovía, y los automóviles que salían de la curva procuraban esquivarnos. Por suerte, todos lo consiguieron

Después de lo que pudo ser un accidente mortal, mi hermana y yo reíamos y contábamos chistes en la sala de urgencias del hospital, supongo que bajo los efectos de la adrenalina.

Varios días mas tarde, sin embargo, me di cuenta de que había sido un milagro que sobreviviéramos el accidente sin secuelas físicas. Emocionalmente, no tanto. El darme cuenta de lo que pudo haber pasado me pesaba y me sentí exhausta y deprimida durante un tiempo.

Eso pasó hace 29 años.

Durante las últimas semanas me he sentido mal físicamente y exhausta emocionalmente. Y esto a pesar de una visita estupenda a mi hermana en San Francisco, haber terminado el borrador de una novela, que mi editor me anunciara que mi próximo libro sale en España en febrero, estar de vuelta en el ruedo del free-lanceo, que mis hijas estén sanas y que mi vida personal sea un océano en calma. 

Sentí algo parecido al bajón después del accidente hace 29 años. La mayor parte del 2009 fue un siniestro total en mi vida. Como ahora ya no estoy bajo los efectos del instinto de supervivencia que requieren las circunstancias extremas, ahora soy libre para pasar el duelo.

Si me hubiera sentido así mientras hacía todo lo que podía para salir de un oscuro túnel de problemas personales, financieros y profesionales, no lo hubiera logrado.

Darme cuenta de que pude seguir adelante durante momentos extremadamente difíciles sin venirme abajo, aunque con el resultado de tener más canas de las que soy capaz de contar, me ha otorgado “permiso” para sentir ahora lo que no me podía permitir sentir cuando necesitaba toda mi fuerza, fe y salud para poder tirar p´alante durante otras 24 horas, un día tras otro.

Ahora sé que puedo porque lo hice.

Y no importa el reto que estés atravesando ahora, ¡tú también puedes! 


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2 comentarios:

Carmen de Triana dijo...

Cuánta razón tienes, querida Lory... Así nos sentimos últimamente los que tenemos que mantener un negocio a flote en ésta dura época de recesión en España... pero lo peor es que no te puedes permitir ni un momento de flaqueza... Tengo ya ganas de que el país levante de nuevo la cabeza para darme unas "vacaciones emocionales". Gracias, guapísima, por alegrarnos la vida con tus postings tan optimistas.. ;D

Juan Luis G. dijo...

Lo importante es poder contarlo, sin duda.