jueves, julio 01, 2010

El éxito de saber adaptarse

Cuando el huracán Wilma pasó por el sudoeste de Florida en octubre de 2005, estuvimos sin suministro eléctrico durante un par de días. Me sentí afortunada porque no nos pasó nada – ni a los coches, ni a la casa, ni a nosotros. Los días refrescaron, lo cual es inusual en Florida en esa época, así que pudimos cocinar al aire libre en la barbacoa y pasar tiempo en la piscina. Las niñas no tenían colegio – debido al huracán - así que pasamos el tiempo leyendo, jugando, hablando y aprovechando estas inesperadas vacaciones, lejos de las presiones de la vida moderna. No teníamos generador eléctrico, así que no pude trabajar en mi ordenador portátil ni hacer nada para lo que hiciera falta electricidad.

Naturalmente que esto no fue nada parecido a lo que pasó después del huracán Katrina y otros por el estilo, pero fue una pequeña interferencia en la vida diaria. Recuerdo, eso sí, sentirme afortunada y relajada en esos días. Otros lo habían pasado peor.

Algún tiempo después, recuerdo una conversación en una fiesta en la que había gente de mi vecindario. Alguien preguntó si nos quedamos en la ciudad para el huracán Wilma y preguntaron cómo fue la experiencia. Me sorprendí al escuchar a una vecina decir que ¡había sido horrible!

- Ah, los niños se aburrieron, no pudimos mirar la televisión, hacía calor, no pudimos cocinar … ¡Fue horrible!

Desde luego, yo no lo recordaba así, y tan solo vivíamos a un par de portales de distancia. Nos hemos acostumbrado tanto a las comodidades como el aire acondicionado, la electricidad, los teléfonos inalámbricos, el Internet, etc., que cuando nos fallan, ¡nos sentimos perdidos! Quizá porque he vivido en el sur de España donde las temperaturas en verano alcanzan incluso los 50 grados centígrados y no todas las casas tienen aire-acondicionado, o porque no bajo la temperatura de aire a niveles invernales en verano, o simplemente porque aprecio las comodidades modernas, realmente disfruté de no tenerlas durante unos días.

En países pobres, la gente hace lo que puede con lo que tiene – no tienen que experimentar un huracán para saber lo que es no tener electricidad, agua caliente y menos aún ¡una conexión de Internet!

Hoy se estropeó el transformador del vecindario y eso interceptó mis planes para el día. Después de todo, trabajo con el ordenador y uso Internet para mi trabajo. Pero aquí estoy, aprovechando la batería de mi portátil. Empieza a hacer calor, pero no es insoportable. Me alegro de que puedo escribir a mano sobre el papel. Me alegro de que puedo tomar un descanso de lo que resulta habitual.

El éxito de saber adaptarse ayuda a disfrutar más de la vida …

http://www.lorrainecladish.com/

1 comentario:

Juan Luis G. dijo...

Qué razón tienes. Esas dependencias tan extremas nos hace muy, pero que muy vulnerables, tanto física como emocionalmente.

Saludos.