domingo, mayo 09, 2010

Simplifica y vencerás

Si la crisis te afecta, te acompaño en el sentimiento, pero de verdad. Sé lo que es una noche de insomnio, pensando cómo pagaré la factura de la luz, o cómo gastar menos en la cesta de la compra y así poder poner gasolina para llevar a mis nenas al cole. Quizá tú y yo llegamos a esa situación por motivos diferentes, pero el caso es que es estresante. En los momentos más difíciles, me dije a mí misma “esto también pasará, como pasa todo, pero no sin antes haber aprendido de ello”. Y ya lo creo que aprendí.

La mayor lección fue que hay una gran diferencia entre “querer” y “necesitar” algo.
Otra lección fue que sí se puede vivir sin tener crédito. No sólo eso, sino que es una vida más sencilla, basada en la realidad. Aprecias más las cosas que realmente importan.
Pero quizá la mayor lección fue la siguiente: incluso cuando el refrigerador estaba casi vacío y no había dinero para gasolina, eso no era motivo para dejar de divertirme con mis hijas, o dejar de cuidarme yo. Cambié mi forma de hacer algunas cosas, y así se ha quedado. Admito que es más fácil hacerlo por elección que por necesidad. Yo lo hice por necesidad, pero tengo intención de seguir practicando el arte de la sencillez ahora y en el futuro.

- Encontré un montón de cosas en casa que podía convertir en dinero en efectivo en eBay. Vendí todas mis joyas de oro, muchas de las que tenían gran valor sentimental. Aprendí que las memorias y los sentimientos se guardan en el corazón.

- En los peores momentos, aprendí que una madre (y cualquier persona honesta que atraviese una crisis), debe tragarse el orgullo, y encontré ayuda económica a través de organizaciones sin ánimo de lucro y otras entidades.

- No tengo televisión por cable (ni televisión). Alquilo DVDs en la biblioteca. A mis hijas les encanta acurrucarse conmigo y ver juntas una película en mi ordenador portátil. Se ha convertido en algo especial. No lo sería tanto si tuviéramos un televisor por habitación, como es habitual en muchos hogares en EE.UU.

- La biblioteca es mi lugar favorito. Es gratis y tranquilo. Como freelancer, trabajo mucho en las bibliotecas, y como mamá, disfruto viendo a mis hijas leer.

- Los parques y la playa (sí tengo la gran fortuna de vivir cerca de la playa), son lugares perfectos para merendar y pasar un buen rato con mis hijas o sola.

- Me encantan las librerías. Puedo leer las últimas revistas, mirar libros, hablar con una amiga, pasar el rato con mis hijas o simplemente meditar. Y no tengo que comprar nada.

- He redescubierto las recetas de cocina de mi abuela. Disfruto preparando un plato con ese alguien especial, en lugar de gastar dinero en restaurantes. Además, la cocina étnica es realmente el resultado de tener que cocinar algo sabroso con ingredientes baratos.

- Como tengo menos ropa en el armario, lavo menos y me pongo casi todo lo que tengo.

- Disfruto conversando con mis hijas, mis amigos y mi familia.

- Correr y caminar es gratis, y una buena manera de hacer ejercicio. Un buen par de zapatillas atléticas es el único requisito.

- Cuando mis gastos se vieron reducidos a la mínima expresión, me relajé bastante, lo cual me ayudó a centrarme en conseguir más trabajo en mi campo, a la vez que reduje mi preocupación y aumenté mi producción.

- Si pude salir adelante en el peor momento económico, ¡sé que podré salir adelante cuando vengan mejores tiempos.

Si tienes cualquier otra idea o sugerencia acerca de cómo simplificar, o cómo disfrutar de la vida durante una crisis económica, por favor ¡compártela!

http://www.lorrainecladish.com/

1 comentario:

Juan Luis G. dijo...

Excelente. Nuestro gran fracaso es estar constantemente pensando en que tenemos que conseguir un montón de cosas que si lo pensamos bien no nos sirven para nada. Es un derroche de energía y preocupación entrar en esa dinámica consumista, pero lamentablemente estamos constantemente bombardeados por una publicidad en exceso agresiva. Mis recomendaciones son:

1. Evitar fijarse en los anuncios publicitarios, tanto en TV, prensa, carteles...

2. Antes de comprar un capricho, algo que no nos es imprescindible, evitar hacerlo de forma compulsiva. Tomarse un tiempo de reflexión y plantearse si realmente le vamos a sacar partido.

En general, muchas casas estan llenas de objetos que ni siquiera se usan y que ocupan gran espacio y energía mantenerlas allí... ¡para nada!

Un saludo.