viernes, marzo 30, 2007

Una planta de aire

Hace pocos días, comenté a mi padre, que anda visitando San Francisco después de promocionar su último diccionario sobre palabras soeces (Diccionario de Argot El Sohez, ED. Del Serbal), que por fin me sentía feliz de vivir en Florida. Me llena de vitalidad el poder salir a correr en la orilla de la playa cada mañana, el ir a escribir con mi ordenador portátil a bibliotecas que tienen de todo, incluido WI-FI, silencio y más libros de los que seré capaz de leer en toda mi vida. Me divierte ser voluntaria en el colegio de mi hija de casi seis años. Disfruto llevando a mis niñas a parques infantiles que están libres de basura y del humo de cigarrillos.
Ahora también me satisface profundamente el haber encontrado lo que más añoraba aquí: una amiga del alma. Esa amiga que te escucha y que no te juzga sin importar lo que le cuentes, la que está dispuesta a compartir lo bueno y lo malo, a cualquier hora del día o de la noche. Se llama Karynn, y nos sentimos como si nos conociéramos desde siempre, y compartimos desde clases de baile hasta preocupaciones pasando por las intimidades que toda mujer necesita compartir con otra mujer. !Gracias, amiga!
En nuestra conversación telefónica, mi padre me dijo que a pesar de mi alegría, no pensara que la felicidad estaba atada a un lugar determinado. Sonreí y le pregunté cuándo me ha visto ligar mi bienestar a un sitio. Todavía no estoy preparada para echar raíces, quizá nunca lo esté. Soy como una planta de aire, que se adapta a cualquier entorno, siempre y cuando tenga oxígeno: salud, trabajo, amigos y sobre todo amigas, amor y familia.

martes, marzo 06, 2007

Día Internacional de la Mujer




Faltan dos días para el Dia Internacional de la Mujer. Aquí estamos en las fotos las tres mujeres de mi casa: las dos pequeñas por las que vivo y respiro: mis hijas, y yo misma. No es un secreto que no es fácil ser mujer y sin embargo aunque me regalaran una operación para cambiarme de sexo (cosa poco probable) no lo haría.
Mujer, madre, amiga, amante, trabajadora, cocinera, secretaria, asistenta ... eso es lo que somos la mayoría. Intentamos hacerlo todo, y hacerlo bien, y encima queremos que nos sobre energía para dedicar un tiempecito a simplemente no hacer nada. No es fácil, qué va.
Nos sentimos culpables si no tenemos ingresos sustanciales y el marido está rompiéndose los cuernos trabajando fuera de casa mientras nosotras "lo pasamos bien" limpiando, enseñando a nuestros hijos a no romper los muebles y a desarrollar su lado artístico y no precisamente sobre las paredes del salón.
Pero si decidimos perseguir nuestros sueños vocacionales y profesionales, entonces nos lamentamos de que nuestros hijos no reciben el ciento por ciento de nuestra atención y esfuerzos.
Si no haces ejercicio, te sientes gorda y fofa, pero si lo incorporas a tu agenda con regularidad, entonces te lamentas de haber dejado la cama sin hacer para poder salir a correr.
Llevas tu propia agenda y la de las actividades sociales de la familia, las citas médicas de todos, la lista de la compra, y generalmente, los pagos de las facturas. No es fácil, no. Pero ... tampoco es imposible sobrevivir a ello y, más aún, disfrutarlo.
Para sobrevivir a tanta presión, procura practicar el arte de la aceptación.
Acepta que, como mujer, a veces te sentirás culpable, ya sea porque trabajas o porque te quedas en casa cuidando de los niños. Acepta que a menudo sentirás que podrías hacerlo todo mejor. Acepta que muchos días te sentirás cansada. Acepta que no puedes hacer todo a la perfección. Acepta que tienes necesidades y anhelos. Acepta los cambios hormonales, las fluctuaciones de humor y de energía.
Si para conseguir cosas que para ti son realmente importantes, como reirte en compañía de tus hijos, salir a cenar con tu pareja o desarrollar la profesión que te gusta, tienes que dejar que se apilen los platos en el fregadero, !hazlo!
!Feliz día 8 de marzo!