viernes, julio 21, 2006

Reuniones y despedidas


Hoy llevaré a mi hermana Laura al aeropuerto para que regrese a San Francisco, donde vive desde hace más de diez años. Ha pasado dos semanas en Florida, que se me han hecho tan cortas que me parece que fue ayer cuando la recibimos llenas de ilusión, después de todo un año sin vernos.
"¿A quién le voy a contar mis neuras ahora?" le pregunté mientras ella hacía la maleta esta mañana.
"A mí, por teléfono," me respondió. "Hablamos más cuando estoy en San Francisco que cuando estamos juntas."
Y tiene razón, porque cuando estamos juntas, también compartimos el día completo con mis hijas, que son sus sobrinas (la mayor, su ahijada), y cuando se duermen, nosotras caemos fulminadas, en lugar de quedarnos despiertas charlando de nuestras cosas. Sí logramos hacerlo una noche, cuando también vino nuestra hermana Sandra con su hija de cuatro meses. Fue mejor que una sesión de terapia con un psicólogo, porque recordando cosas del pasado, cada una contó cómo lo vivió y las otras pudieron dar su propia versión, y así pudimos hacernos una composición completa de eventos y sucesos que no comprendimos en su momento.
El que se va, o en este caso, la que se va, viaja a otros lugares, vuelve a su propio entorno, que también se llega a añorar. Pero el que se queda, o la que se queda, lo hace con un vacío en su corazón, que afortunadamente pronto se llenará con los planes de otro reencuentro.

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